Prólogo: El principio de todo

Prólogo: El principio de todo

– ¡Pues nos vamos de viaje y ya veremos! –

Era una huída hacia adelante en toda regla, aunque quizás no fuera tan mala idea. Comprarse una casa, ir a terapia o follar como conejos a ver si cae un churumbel. Las posibilidades para reparar la rutina en una pareja son casi infinitas. A ellas se les había antojado “un viaje y ya veremos”.

“Un viaje y ya veremos” no era buscar vuelos, un apartamentito y marcharse una semana a Tenerife. No. Ese ya veremos le daba al viaje un matiz muy distinto al de unas vacaciones. Tampoco era ir a probar suerte a Dublín, buscar trabajo y retomar las cosas de siempre pero in English.

Ese ya veremos era en realidad un y lo que surja, un a otra cosa mariposa, un a tomar viento el curro, el piso y la puta ciudad. 

Sin la épica de un portazo bien dado y un hasta luego Lucas, el viaje empezó en el sofá de casa codo con codo,  frente a frente, cachito con cachito o cualquier otra frase hecha que se os ocurra con un segmento corporal. Al fin y al cabo, nadie se fuga de la cárcel sin urdir un plan.

Lo primero fue pensar cómo, así quese pusieron a buscar una casa con ruedas. Porque (vamos a ser claras) aunque les iba el rollo nómada, no querían renunciar a llevarse su pedacito de rutina y zona de confort. Que eran punkis pero no tanto, y en casa como en ningún sitio…

Lo que viene a continuación será una madeja, más o menos ordenada y por fascículos, de lo que pueda ir recopilando sobre el viaje de éstas dos. Ruego disculpéis las inconexiones, absurdeces y variedad de formatos pero no es mi vida la que relato si no la de dos descerebradas. Lo mío me está costando ordenarlo como para, encima, hacer literatura.

Por cierto, cualquier parecido con la realidad puede o no ser una coincidencia. A lo mejor no es “exáctico”.

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